Mi juego favorito

Todos los días juego a compararme, si no me es suficiente mi familia/amigos entonces entro a Instagram, me encargo de buscar cuentas de gente que no conozco y aparentan tener la vida que yo “busco”. Camino por la calle y sigo pensando en las piernas que me gustaría tener, en las pompas, en la ropa, en los zapatos, en el cabello, hasta en la cantidad de perforaciones y tatuajes. Estoy a punto de dormir y vienen a mi cabeza todas esas ideas de lo que me “falta”. Estoy con mi novio y le pregunto si soy bonita, si me cambiaría algo para ser mejor, me responde que le gusto como soy pero no le creo, siento que no es honesto conmigo. Salgo con amigos y me dicen cosas muy lindas, pero creo que lo hacen por educación. Una señora en la calle me agradeció y me dijo: “que linda”, pero no le creo porque no nos conocemos. Entonces todos me hablan de estas cosas maravillosas que ven en mí y yo soy la única que decide no creerles. ¿Por qué me trato así? Puede que en el fondo simplemente no crea merecer lo bueno, porque no soy suficiente según los múltiples estándares que me exijo y es mucho más sencillo dejarme llevar por esta percepción negativa de mi a que luchar, porque pelear por mi requiere fuerza que prefiero emplear en compararme. De repente algo cambia, me rio a carcajadas de algo, mi novio me mira y sin decirme nada me dice todo, mis amigos se ponen a bailar y me invitan, mis papás me escuchan, mis hermanos y yo nos perseguimos para molestarnos, camino debajo de la sombra de varios árboles que escucho mecerse, entonces recuerdo que me gusta esto de vivir. Me propongo ser paciente conmigo misma, escuchar lo que me digo y cuestionar aquello con lo que me estoy comparando. No todos los días es igual, pero al menos compararme ya no es mi juego favorito.