Introspección I

Me vi en el espejo del baño para confirmar que aquí sigo, me acerqué y noté el tamaño de mis poros, el entrecejo que necesito sacarme, las espinillas que me reventé ayer y ahora son manchas rojas, la sequedad de mis labios. Necesito comprar más productos de cuidado de la piel porque con el uso del cubrebocas he notado más brotes de espinillas y temo que mi acné pueda volver a aparecer. Me alejo del espejo, en realidad me veo bien para no usar maquillaje, me he acostumbrado a no maquillarme, y cuando lo hago lo recuerdo ya que me tallo los ojos, o sudo y veo en la servilleta el color de la base que me había puesto. Pienso frecuentemente en mí, es increíble como a mis 25 años me sigue costando reconocer mi singularidad, mientras que en otros me es sencillo. No entiendo esta necesidad de tratar de ver en mi rasgos de otros, rasgos que no son míos, y sentirme mal por que no coincida la imagen que tengo en la cabeza sobre mí. Cuestiono mucho mi validez, la primera vez que lo dije en voz alta en terapia lloré; quisiera no pensar tanto, estos momentos azules y grises no me gustan. En ocasiones estoy en el centro del remolino, y temo ahogarme, ya he pasado por esto una y otra vez, y vuelvo a salir siempre. Reconozco que mi vida no es mala, la disfruto, pero mentiría si dijera que todo es perfecto y me sale bien, aun y cuando considero mi vida buena, tengo estos pedazos donde me siento pequeña creyendo que no hay solución. Me gusta poder ceder un poquito el control, permitir que el enojo, tristeza e inseguridad tome un rato el mando, porque aunque en estos momentos puedan hacerme sentir mal, siempre están presentes, y si los acepto sin prejuicios me enseñan cosas que ni imaginaba, y ese peso se convierte en ligereza. Me vuelvo a ver en el espejo, esos rasgos si son míos, y cuentan una historia, mi historia, son parte de mi identidad y espero poder mañana o en un rato más sentirme orgullosa de eso.

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